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Piel normal

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Bienvenido Otoño

Descubre todos nuestros productos, cremas hidratantes y complementos alimenticios específico para pieles normales.

También puedes ver nuestras cremas hidratantes y demás productos desarrollados especialmente para pieles grasaspieles mixtaspieles secas pieles sensibles.

¿Sabías que existen diferentes tipos de piel? ¿Crees que tú tienes la piel normal? Aquí lo descubrirás.

De todos los órganos que hay en nuestro cuerpo, la piel es quizá el más revelador. A través de ella se puede observar quiénes somos, nuestros hábitos, dieta, edad y rutina de cuidados. Y es que, siendo la capa más externa del organismo, esta recibe todos los efectos negativos de la contaminación, el sol sin protección, el envejecimiento, el tabaquismo, la deshidratación, la fatiga y la deficiencia de nutrientes.

Sin embargo, estos efectos, en especial los relacionados con la deshidratación y primeros signos del envejecimiento, pueden combatirse conociendo  en profundidad sus características y necesidades, ya que cada tratamiento se diseña con base en los diferentes tipos de piel.

Todo sobre las pieles normales

Aunque el término dermatológico apropiado es piel eudérmica, a menudo nos referimos a ella como "normal" para describirla: no es tirante, no es demasiado seca, ni sensible, ni demasiado grasa. Por tanto, es una epidermis en equilibrio.

¿Qué significa tener la piel eudérmica?

Una epidermis normal no significa en ningún momento que es una piel perfecta que no necesite de cuidados o hidratación. Tan solo quiere decir que su secreción de grasa y sudoración está en equilibrio.

En consecuencia, se percibe como elástica y suave, posee un tono uniforme, poros pequeños en vez de dilatados y un tono de color tirando al rosado, el color de la salud. Puede que su zona T (frente, nariz y barbilla) sea un poco grasa, pero su equilibrio es tal que no se percibe así.

Las células epidérmicas de las pieles normales suelen trabajar de una forma eficiente para protegerlas de las bacterias y de los efectos de la deshidratación, manteniendo una especie de barrera que además evita la tirantez y el enrojecimiento. Es por eso que a menudo se describen como saludables y sin imperfecciones, al menos a simple vista.

Guía rápida para identificarla

Si no sentimos resequedad al despertar en las mañanas, no presentamos tirantez o picazón ni tenemos el cutis demasiado brillante, es probable que tengamos una piel normal. Pero, si aún no estamos muy seguros, este listado de sus características nos ayudará a identificarla:

  • A simple vista, se percibe como una epidermis suave y sin relieves.
  • No suele tener cicatrices, descamaciones o huellas de sensibilidad y acné.
  • Su tono es uniforme y no acostumbra a presentar manchas.
  • A diferencia de los cutis grasos, sus poros son finos, incluyendo los de la zona T.
  • Tiene un brillo natural que da la sensación de juventud.
  • Es elástica y parece fresca, limpia y sin impurezas.
  • Al tacto, se siente como el terciopelo.
  • No hay en ella rastros visibles de grasa.
  • Su tonalidad es de un rosa saludable.

Aunque el listado anterior es bastante explícito, este tipo de cutis presenta ciertas características que son difíciles de apreciar a simple vista. Por ejemplo, posee una excelente circulación, no es propenso a alergias o sensibilidad hacia algunos productos, se broncea de forma moderada y tiene una adaptabilidad ideal para responder de forma adecuada ante las diferencias de temperaturas, las agresiones climáticas y el daño del sol.

Los problemas de las pieles normales

No todas las personas que gozan de una epidermis en equilibrio pueden mantenerla así a lo largo de su vida. Determinados factores pueden dejar su huella en ella y convertirla en algo más, por ejemplo:

1. La rutina

La rutina y el estilo de vida que mantenemos puede influir en nuestro tipo de cutis, incluyendo a los normales. Toda epidermis es víctima de una dieta pobre en nutrientes, problemas de control de emociones, estrés, la sobre gesticulación, la falta de sueño, fatiga y la ausencia de una rutina de cuidados. Por ejemplo, ir a la cama sin desmaquillarnos o no hidratarnos con productos específicos a diario, son elementos que pueden arrebatarnos las características de una piel eudérmica.

2. Las condiciones ambientales

Aun cuando gozan de un equilibrio ideal que las protege del medio ambiente, someterlas a agresiones continuas durante prolongados períodos de tiempo traerá como consecuencia su debilitamiento e inevitable daño, permitiendo que empiece a mostrar características de otros tipos de piel.

3. El paso del tiempo

El paso de los años suele debilitar la piel normal. Poco a poco va perdiendo su aspecto suave y aterciopelado, su tono rosado, se va haciendo más sensible a los agentes externos del medio ambiente, se ve amarillenta, presenta signos de deshidratación a simple vista y pierde su brillo característico. Además, se vuelve menos elástica, es más propensa a la flacidez y a las tan temidas marcas de la edad.

Esta pérdida de sus características puede ser más rápida si mantenemos un estilo de vida no saludable y no actuamos contra estos factores debilitantes a través del tratamiento adecuado.

¿Cómo cuidar la piel normal?

A pesar de su resistencia y capacidad de equilibrio, las pieles eudérmicas deben cuidarse tal como ocurre con los cutis grasos, mixtos, secos o sensibles. Para ello, es importante que elijamos los productos adecuados, decantándonos por opciones suaves ideadas para todo tipo de piel.

¿Qué productos elegir?

Como no suele presentar alergias, ni irritarse o tender al enrojecimiento, los productos para todo tipo de piel son los más adecuados para su cuidado diario.

Esta clase de cremas, jabones y sérums son suaves, de textura ligera, no son abrasivos y tienen ingredientes que nutren e hidratan sin dejar un aspecto de pesadez. A través de productos como estos, la piel normal refuerza su barrera protectora en contra de los agentes externos y la contaminación y fortalece el equilibrio en la producción de sebo, sudoración y otros elementos necesarios para mantener sus características naturales.

Una sencilla rutina de cuidados

Para su cuidado, la rutina es esencial. Es por eso que debemos seguir un par de instrucciones para cuidar de la salud y el equilibrio de este tipo de piel. La limpieza con jabones suaves o 100 % naturales y la retirada del maquillaje a diario serán perfectas para dejar como un lienzo en blanco a la epidermis, quedando así lista para recibir todos los beneficios del resto de tratamientos.

Es importante proteger el cuerpo y rostro del sol con algún protector solar de textura ligera, ideal para todo tipo de piel, además de nutrirla con algún complemento alimenticio de efectos antioxidantes. Ambos pasos nos ayudarán a mantener el aspecto juvenil de las pieles eudérmicas por mucho más tiempo.

Por último, la utilización de alguna loción o crema hidratante ideada para cualquiera de los tipos de piel es el cierre de broche de oro para una rutina de cuidados. Esta clase de cremas suelen venir en formatos ligeros como geles y lociones de rápida absorción, que contienen una mezcla de humectantes con ingredientes y vitaminas, dejando una sensación de frescura inigualable y reforzando el escudo protector contra los agentes externos que ocasionan el envejecimiento.